In-Q-Tel, la incubadora de startups de la CIA que sirve para espiarte

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In-Q-Tel es un fondo de de inversión en capital de riesgo que la CIA usa para invertir en startups tecnológicas. El objetivo es hacerse con la tecnología necesaria para recopilar datos y mejorar su espionaje.

Invertir en startups tecnológicas puede ser una buena opción si lo haces bien, aunque también puede ser una decisión ruinosa. Todo depende de si finalmente el proyecto sale adelante y triunfa. A la hora de elegir, es mucho mejor hacerlo en una empresa respaldada por el Gobierno o alguna de sus agencias. Es lo que ocurre con las participadas por In-Q-Tel, la incubadora de startups de la CIA, la Agencia de Inteligencia de Estados Unidos.

¿Por qué andaría la CIA invirtiendo en startups tecnológicas? Los motivos son evidentes, y no tienen nada que ver con ganar dinero. La chequera de la agencia es casi ilimitada, así que no busca beneficios sino echarle el guante a la última tecnología disponible. Evidentemente, el objetivo final es espiar más y mejor.

El nombre elegido, In-Q-Tel fue elegido teóricamente por los ciudadanos que fundaron este fondo de inversión en 1999. Hace referencia a Q, el agente que proporciona a James Bonds los últimos gadgets para hacer su trabajo. Es todo un guiño a quien pone el dinero necesario para que esta incubadora funcione: la Agencia Central de Inteligencia de los Estados Unidos.

La participación de la CIA en empresas tecnológicas puede dar lugar a todo tipo de teorías de las conspiración, con todo el derecho del mundo. In-Q-Tel no sólo colabora proporcionando la tecnología desarrollada por esas startups a la CIA, sino que también se la proporciona a otras agencias gubernamentales como Homeland Security o la NSA.

Según aclara el propio fondo de inversión en su página web, su objetivo es crear “un puente entre la tecnología que la inteligencia de EEUU necesita y los últimos avances en tecnología comercial”. Está claro que In-Q-Tel no opera en las sombras, al menos de forma aparente. El problema no es lo que la empresa dice que hace, sino lo que hace realmente, y eso se desconoce parcialmente. Aunque en su web se puede consultar un portfolio de empresas participadas por esta aceleradora de proyectos de la CIA, faltan algunas de las más importantes.

Se estima que a lo largo de sus 17 años de vida, In-Q-Tel y la CIA han invertido en más de 300 startups, aunque actualmente el número oficial se reduce a 200. La participación en algunas de estas compañías fue vendida a otras empresas. El fondo de capital de riesgo tuvo acciones de Keyhole, comprada posteriormente por Google para dar lugar a lo que ahora es Google Earth. Nadie pone en duda que el espionaje norteamericano sacó provecho de la tecnología satélite ofrecida por esta empresa mientras pudo.

Que In-Q-Tel decida meter dinero en una empresa en desarrollo es prácticamente una garantía de éxito. Además de la mencionada venta a Google, se han producido otras a Oracle o IBM, dos gigantes del sector. La prueba de que los inversores privados confían en el buen ojo de la CIA es que por cada dólar invertido por la Agencia a través de su fondo de inversión, son once los que llegan del sector privado.

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Todos estos datos son públicos y están disponibles en su web. No obstante, lo verdaderamente interesante está en lo que la filial de la CIA no cuenta. Además de las empresas que no aparecen en su portfolio -hasta 100 no han sido declaradas, se desconoce exactamente a qué cantidad ascienden sus activos. El último dato es de 2012, cuando se cifraron en unos 218 millones.

Hay que decir que los resultados económicos de In-Q-Tel son en realidad irrelevantes. Como el objetivo no es acumular capital sino obtener tecnología punta, lo normal es que la aceleradora se deshaga de su participación en startups. Esto dificulta hacer un seguimiento sobre las compañías de las que tiene parte del accionariado.

Un documento publicado por The Interceptor arroja un poco de luz sobre los tejemanejes de la CIA en el mundo de las startups tecnológicas, aunque no se puede decir que pille a nadie por sorpresa. Por ejemplo, dos de las compañías que forman parte de la incubadora de startups de la CIA son Dataminr yPalantir. Ambas se dedican a recopilar datos de los usuarios en las redes sociales, información especialmente relevante cuando tu objetivo es espiar a la población para prevenir ataques terroristas.

El verdadero dilema de In-Q-Tel se puede resumir en la siguiente frase: es un fondo de capital de riesgo de la CIA que impulsa startups dedicadas a recopilar información de los ciudadanos con dinero público, entre otras cosas, todo ello manejado de forma opaca y sin proporcionar información detallada.

¿Hasta qué punto casa el funcionamiento de In-Q-Tel con los derechos civiles? Sin duda es legítimo que los servicios de espionaje quieran disponer de la última tecnología. Si para ello tienen que invertir en startups, adelante. El problema es que se hace a espaldas de los contribuyentes, que son los que financian estas actividades.

En Estados Unidos ya se ha generado una importante polémica en torno a este tema, aunque ahora mismo la seguridad parece ganarle la partida a la privacidad y la transparencia. No es de esperar que esto cambie pronto, pues como dice el asesor de la CIA Jim Rickards “si quieres estar al día con Silicon Valley, tienes que volverte parte de Silicon Valley. La mejor forma de hacerlo es tener presupuesto, porque si sacas la chequera, todo el mundo se acerca a ti”.

Vía | Business Insider y Foxbusiness

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