¿Cual es la credibilidad de la prensa española dentro y fuera del país?

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En los últimos días la prensa española ha puesto en entredicho su credibilidad, aunque esta no es una situación nueva. Ya en 2013 el 82% de los periodistas que colaboraron en la elaboración del II Barómetro de Easypress sobre la profesión periodística consideraron que “la credibilidad del periodismo ha empeorado en esta última década”.

En el mismo año el barómetro del CIS del mes de febrero se valoraba a los periodistas con un 59,09, sobre 100. Una de las profesiones peor valoradas junto con la de juez.

Esta percepción no ha hecho más que aumentar traspasando nuestras fronteras. Medios internacionales, como el New York Times analizaban la situación de la prensa en nuestro país tras los problemas derivados de la reestructuración de la industria mediática ante un nuevo panorama en el que la tecnología y la disminución de los ingresos por publicidad, han hecho tambalearse los pilares de la prensa tradicional.

Más de 11.000 periodistas han perdido sus puestos de trabajo aquí en siete años”, destacan en este artículo en el que apuntan cómo esta situación:

ha llevado a la creciente preocupación sobre si los periódicos más reconocidos de España han perdido su independencia editorial en medio de la crisis financiera.

Caras le han costado las declaraciones del veterano periodista Miguel Ángel Aguilar a este medio internacional al señalar cómo la relación entre los periódicos españoles y el gobierno ha generado una “situación de dependencia que ha hecho un daño terrible a la credibilidad de los medios de comunicación en este país”. Tras esta declaraciones, Miguel Ángel Aguilar era destituído de manera fulminante tras 21 años como columnista de El País.

La cosa no quedaba ahí y tras la destitución de Aguilar, El País reaccionaba a las críticas del NYT tratando de despretigiar su imagen al hablar de los “supuestos” problemas económicos de este diario para expandirse en  Latinoamérica y cesando la distribución del cuadernillo del New York Times que El País incluye en sus ejemplares todos los jueves.

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En un estupendo análisis sobre estos acontecimientos el profesor y bloguero, colaborador habitual en numerosos medios nacionales, Enrique Dans, (@edans), señalaba sobre “la imagen del periodismo español”:

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Estamos hablando, sin duda, del mayor deterioro de la calidad democrática en España en toda la historia de su democracia. Todas y cada una de las afirmaciones que se hacen en el artículo del New York Times son rigurosamente ciertas.

Por si esto no fuera suficiente, en su edición de papel del pasado domingo, el diario La Razón publicaba en portada la imagen de Veerender Jubbal, (@Veeren_Jubbal), un periodista canadiense, afirmando que se trataba de “uno de los terroristas” implicados en los atentados de París.

La periodista de la BBC, Kate Forbes, (@forbeesta), calificaba en su cuenta de Twitter a La Razón como “periódico idiota”, tras el incidente.

La publicación de este de imagen y declaraciones, sin haber sido contrastadas pormenorizadamente, eran calificadas de “terrorismo online” por las graves consecuencias que han tenido para este periodista, arruinando su reputación en cuestión de horas.

Como señala Enrique Dans la situación que vive la prensa en España es escandalosa y así lo refleja la destitución de tres de los directores de medios más importantes del país como son: La Vanguardia, El País y El Mundo:

(en poco más de un mes,  Marius Carol sustituye a José Antich en La Vanguardia, Pedro J. Ramírez es defenestrado de forma sumaria y se nombra a Casimiro García-Abadillo en El Mundo, y Antonio Caño sustituye a Javier Moreno en El País), sino que además, la cobertura de los escándalos de corrupción y de las noticias que motivaron su cese desaparece de manera inmediata con ellos.

Tal vez la prensa internacional sea una de las fuentes de referencia para saber lo que realmente está sucediendo en nuestro país, o tal vez los ciudadanos tengan en este contexto, una función más necesaria que nunca, contando lo que realmente está sucediendo a su alrededor. En cualquier caso los medios, tal y como los conocíamos hasta ahora necesitan reiventarse para sobrevivir, protegiendo su independencia y con ella la libertad de expresión. No olvidemos que los pilares de la democracia se construyen sobre la base de una prensa libre.

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